Singapur - 1953

La elegancia no es cuestión de moda, sino una forma de respeto hacia uno mismo

Francisco Jiménez-Lagala Azurmendi nació en San Sebastián en 1920, en el seno de una familia vasca vinculada al comercio marítimo. Su padre, obsesionado con las oportunidades que comenzaban a surgir en Asia, decidió trasladar a toda la familia a Singapur cuando Francisco apenas tenía cinco años.

Aquella ciudad portuaria cambiaría su vida para siempre.

Mientras otros niños jugaban en las calles coloniales bajo el calor húmedo del sudeste asiático, Francisco pasaba las tardes observando cargamentos de telas, sedas y especias llegar desde China, India y Japón. Aprendió inglés antes que muchos adultos y desarrolló desde muy joven una facilidad extraordinaria para los negocios y las relaciones personales.

A los diecisiete años ya trabajaba por cuenta propia, intermediando pequeñas operaciones de exportación de tejidos entre comerciantes asiáticos y empresarios europeos. Tenía una intuición innata para detectar calidad, negociar precios y anticiparse a las tendencias.

Durante los años cuarenta y cincuenta recorrió medio mundo construyendo una red comercial que le llevó por Hong Kong, Shanghái, Beirut, Lisboa, Nápoles y Buenos Aires. Siempre impecablemente vestido, incluso bajo el calor sofocante de Singapur, Francisco convirtió la elegancia en parte de su identidad.

Nunca viajaba sin sus trajes, una libreta de cuero y su colección de corbatas.

Tenía un carácter arrollador y un carisma desmedido. Su vida cambió por completo a los veintinueve años, durante una estancia en Lisboa.

Allí conoció a Carmen, hija de españoles afincados en Portugal, en una cena organizada por empresarios textiles portugueses junto al Tajo. Carmen poseía una elegancia serena, muy distinta a la vida acelerada que Francisco llevaba recorriendo hoteles y puertos de todo el mundo.

Se casaron poco después y, desde entonces, ella se convirtió no solo en su compañera inseparable, sino también en la persona que le enseñó a disfrutar de la vida más allá de los negocios.

Durante las décadas siguientes continuaron viajando por Europa, Asia y Sudamérica, relacionándose con empresarios, diplomáticos y viejas familias europeas que admiraban la capacidad de Francisco para moverse con naturalidad entre mundos completamente distintos.

Pero, si algo dejó huella en quienes le conocieron, fue su forma de entender la elegancia: discreta, clásica y sin necesidad de excesos.

En 1991, Francisco y Carmen decidieron instalarse definitivamente en Sevilla, atraídos por la energía irrepetible de la Expo 92 y por una ciudad que les recordaba constantemente que el verdadero lujo consiste en vivir sin prisa.

Francisco nunca abandonó la costumbre de vestir traje y corbata a diario. Decía que la elegancia no era una cuestión de moda, sino una forma de respeto hacia uno mismo.

Esa filosofía, atemporal, serena y clásica, es la inspiración que hoy da sentido a Lagala1991.